Cuento breve 7

ADA, DE SAN LEO

(De inspiración familiar)

San Leo es una pequeña localidad italiana muy cerca de San Marino, al pié de la colina donde se yergue el pequeño país, en el corazón de Italia. Por allí pasó San Francisco y el Dante, además es famosa porque en su entorno aún está el catillo que sirvió de cárcel durante varios años a Giuseppe Balsamo, el conde de Cagliostro, sin duda un personaje singular en su época: alquimista, curandero, político, mujeriego y estafador, y el estupendo Maquiavelo que escribió en su actualísimo libro “El Príncipe”, las bondades de esta ciudad como modelo de fortaleza ideal.

Hace varios años, llegamos a San Leo una siesta calurosa camino a Urbino, la patria de Rafael Sanzio, y por supuesto, a esa hora todo el mundo estaba descansando, aún con los negocios abiertos de par en par, sin un alma por la calle y sorteando la pasmosa tranquilidad de los perros echados, que no se inmutaron cuando caminamos por su ágora desierta. Tal fue el paisaje desolado, que tuvimos que descansar bajo unos árboles de la plaza hasta que el tañido de las campanas de la iglesia anunciaron las 15 horas y perezosamente comenzaran a atender los quioscos y tiendas.

Casualmente nos dirigimos a un puesto de productos regionales y compramos una jabonera blanca pintada a mano y una jarra con el escudo de San Marino. Ambas cerámicas adornan un rincón de mi casa y puedo verlas a diario…pero lo que más me llamó la atención, fue la presencia de la noble anciana que nos atendió y su trato tan especial. A pesar de no haber cruzado más de diez palabras en su idioma, un halo misterioso nos unió repentinamente. Jamás olvidaré ese apretón de manos al entregarme el paquete y una mirada penetrante y cariñosa.

Por meses, cada noche, soñé con esa persona, con sus ojos oscuros y piel tersa, pensando que tal vez, por el tiempo transcurrido y su aparente edad, ya debería estar finada. Según nos contó, las piezas que vendía fueron confeccionadas por ella misma bajo la simple firma de Ada y aunque, por supuesto no conozco nada de su existencia, ésta podría ser su historia….aunque, una duda me persigue desde entonces, ya que existen demasiadas coincidencias con la vida de mi abuelo paterno.

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Ada nació en Torriana, antes llamado Scorticata, un pueblo pequeño de la Emilia Romaña, a principios del siglo pasado y era la tercera de cuatro hijos, luego que sus padres se casaran, junto al bautismo del primogénito. El caserío apenas tenía una calle principal, llamada Grotta (hoy Roma) y su familia, dedicada al campo, alquilaban en el número nueve. Como toda mujercita, a la edad de merecer se comprometió con un joven de profesión alfarero, vecino de San Leo, a escasos 18 km de allí.

Buscando un mejor porvenir, los esposos después de un tiempo en el pueblo, marcharon a Rímini y sobre la avenida Américo Vespucio, casi en la esquina de Viale Trento y a dos cuadras de la playa, compraron un salón que muy pronto acondicionaron para que funcione un cine, el tercero de la ciudad.

Con muchos sacrificios, multiplicaron su patrimonio y llegaron a ser los más pudientes de las dos familias. Pero pronto su suerte cambió ya que una fría mañana, a principios de 1923, irrumpieron en el cinematógrafo llamado "Imperiale" un grupo de treinta hombres vestidos de negro, con todo tipo de armas, cumpliendo estrictas órdenes marciales y sin miramientos ni compensación alguna, quitaron gran parte del mobiliario y la transformaron en un comité partidista.

Estos infames intemperantes, constituían la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional, un cuerpo de la Italia fascista que después consiguió ser una organización militar y fueron conocidos popularmente como Camisas Negras, por el color de sus prendas, organizados por Benito Mussolini como el instrumento de acción violenta por parte de su movimiento. Eran pseudointelectuales nacionalistas, oficiales en retiro del ejército y jóvenes terratenientes que se oponían a los sindicatos de obreros y campesinos del entorno rural, usaban métodos que los hacían cada vez más irascibles a medida que crecía el poder de Mussolini y sumaron a su acostumbrada violencia, la intimidación y el asesinato, contra sus oponentes políticos y sociales.

Fue en vano todo tipo de quejas y reclamos. Esperando algún tipo de indemnización, que nunca llegó, permanecieron unos angustiosos días en la ciudad y como la desgracia no viene sola tuvieron que viajar de urgencia a Torriana, para asistir al entierro de mamma Enrichetta y consolar a su padre, Francisco, que quedó desarmado junto a sus tres hijos varones.

Desde entonces, la vida no les volvió a sonreír...La Milicia de las Camisas Negras, acrecentaron su poder y recibieron por parte del gobierno el espaldarazo legal que la constituyó en Guardia Armata della Rivoluzione (Guardia Armada de la Revolución) «al servicio de Dios y de la Patria», realizando a continuación un proyecto para la formación y organización de un cuerpo de voluntarios encuadrados en el ejército nacional, mediante la inclusión regular o compulsiva, de todos aquellos hombres aptos, en un tramo de edad comprendido entre los 17 y los 50 años.

Los hermanos, viendo que se avecinaban los reclutadores, armaron sus valijas como pudieron, juntaron unos pocos ahorros y sin tiempo a despedidas, viajaron a Génova, a lo de un pariente cercano. Es allí cuando, impulsados por la aventura y la inconsciencia juvenil, se anotaron en Migraciones para abordar un crucero que los llevaría a Sud América y sin mucho lugar a las dudas se encontraron en altamar, entre cientos de parroquianos italianos, franceses y suizos.

Fueron treinta y ocho días de navegación que entre parrandas, fiebres, vómitos y sueños, llegaron a Brasil, donde el hermano del medio bajó con otros amigos, decididos a vivir un tiempo cerca de la capital carioca y probar suerte, mientras que Tomás y su hermano de trece años, prosiguieron hasta Buenos Aires y desde allí a una ciudad del interior.

Un tiempito después, Ada, pobre y sin hijos, vio morir a su padre y despedir a su esposo quien marchó a la guerra y nunca más regresó, al igual que sus tres hermanos. Sola y abandonada, sin poder pagar la renta de la casa, marchó a San Leo, para compartir con su familia política un miserable cuarto... y el taller de alfarería...