TENSION EN PERPIGNAN

A diferencia del viaje anterior, esta vez y hace muy poco tiempo, vivimos un momento de tensión y alta aventuras, con el GPS (incorporado en el auto) y toda la tecnología disponible.

Como nuestro viaje culminaba en París, alquilamos un vehículo desde Perpignán, la ciudad más cercana de nuestro recorrido, para ser devuelto en el mismo país y abaratar costos. Desde la estación Sant de Barcelona, abordamos el tren a Francia y lo hicimos por medio del Alta Velocidad Renfe, llegando en 1 hora, 20 minutos, tras una experiencia muy linda de ir a casi 300 km por hora, en algunos tramos de llanura.

Después de realizar los trámites de alquiler, dejamos la ciudad y tomamos la Ruta N116 hacia Andorra. A mitad de camino, debíamos desviar hacia el norte, para cruzar las estribaciones de los Pirineos, por el llamado Alto Languedoc  y llegar a Carcassone, donde nos esperaba la reserva de un muy lindo hotel, al pie de las murallas milenarias.

Marcamos en el GPS la ciudad de destino final y nos eligió el tramo más corto, sin percibir que no era el originalmente programado y sin dudar giramos desde Prades hacia la aventura. A poco andar y sin posibilidades de regresar pensando que el camino mejoraría, la ruta se hizo cada vez más empinada, angosta, escarpada y de ripio, cruzando delgados puentes, curvas sinuosas y declives pronunciados, tornando el trayecto de casi 40 minutos, en un momento interminable de tensión y peligrosidad.

Ocurre lo mismo en algunas ciudades muy populosas, que al no detectar zonas peligrosas, la tecnología demarca un trayecto prefijado y se corren algunos riesgos indeseados.

Como moraleja, recomiendo analizar y comprobar con mapas de rutas tradicionales, lo que nos dicta el GPS y en el camino final deseado, ir por tramos, marcando localidades parciales, que a manera de posta, nos permita llegar al destino sin contratiempos.